Pasear bajo la luz de la luna y volar entre las nubes contigo sería mi más preciada fortuna. Con el cielo por único testigo y la lejana tierra por tribuna, tú y yo seríamos el abrigo que busca mi corazón peregrino y dichoso de tu mano imagino.
Quisiera nunca haberte conocido y no tener tantas malas memorias de tu mirada, del tiempo perdido, de tu crueldad, de todas las historias que imaginé al haberte escogido para acompañar todas tus victorias y para ahuyentar toda tu tristeza. Mas partir era tu naturaleza.